Inundaciones y planeamiento urbano

28 02 2010

El Guadalquivir doblega al urbanismo. Este es el titular que me he encontrado esta mañana en las páginas de la sección de Andalucía del diario El País. Más adelante, en el texto, se añaden perlas como que “la mayoría de las viviendas inundadas esta semana estaban fuera de ordenación”, o que “la Administración admite que hay unas 3.000 viviendas construidas ilegalmente junto a los cauces”. También se informa de que “en 2007, se calculó que en Córdoba había unas 6.000 parcelas ilegales, 600 de ellas en la zona del aeropuerto, la más afectada por la última riada”. Y se afirma así mismo que “la inmensa mayoría de las casas anegadas en Jerez son edificaciones levantadas al margen de la ley”.

Juzguen ustedes mismos. No hace falta añadir mucho más. Resulta obvio que un río no es un mero canal de navegación o una sucesión de presas. Es un sistema vivo, complejo y dinámico, con sus avenidas y estiajes, y que necesita “su” espacio, que reclamará con toda naturalidad en inviernos muy lluviosos como el que estamos teniendo.

Es claro, por tanto, que la tragedia humana vivida en estos días se podía haber evitado si durante años hubiéramos mostrado otra forma de hacer las cosas en materia urbanística y de ordenación territorial. Concretamente, hubiera sido necesario, -en los años del boom inmobiliario-, lo siguiente:

  1. Un mayor control y una mayor disciplina urbanística por parte de las Administraciones competentes a la hora de abordar el planeamiento (existían las herramientas técnicas y jurídicas para ello),
  2. Firme voluntad política de cumplir y hacer cumplir la ley, evitando la corrupción urbanística (esta voluntad, a mi modo de ver, es la que más ha flaqueado),
  3. Mayor honestidad y humildad y menor ánimo de lucro por parte de todos -políticos, técnicos y ciudadanos-, y es que la avaricia rompe el saco, como se suele decir. Recuerdo voces críticas e incluso abiertamente disidentes con la forma de operar de entonces en materia urbanística, y que eran rápidamente tachadas de antipatriotas y de aguafiestas, lo que da idea del interés por mantener aquel statu quo por parte de múltiples sectores, tanto políticos como económicos, y por un sinnúmero de ciudadanos corrientes y contentos con aquel estado de cosas.

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